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2 cosas que necesitas para que alguien se enamore de ti

Tendemos a pensar en el amor como un fenómeno espontáneo, aleatorio e incontrolado. Sin embargo, el enamoramiento no es espontáneo ni aleatorio, y está muy bajo nuestro control.

Nos enamoramos solo cuando estamos listos y preparados para una relación romántica. Nuestra elección de de quién enamorarnos no es arbitraria. Las personas con un alto nivel de educación rara vez se enamorarán de personas que no lo son. La gente muy rica rara vez se enamorará de los pobres. El amor tampoco es instantáneo. Crece gradualmente, razón por la cual podemos optar fácilmente por no participar en una historia de amor en sus primeras etapas, mientras que salir de una relación a largo plazo está mucho menos bajo nuestro control.

Pero, ¿se pueden plantar sintéticamente las semillas del amor? En otras palabras, ¿podemos enamorar a alguien en el laboratorio?

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En 1997, Arthur Aron y sus colegas afirmaron haber hecho precisamente esto. En un artículo publicado en el Revista de personalidad y psicología social, describieron un experimento de laboratorio que indujo a extraños a enamorarse en una sesión de 45 minutos. Cada par de sujetos ingresó al laboratorio por diferentes puertas y se sentaron uno frente al otro. Luego tuvieron que responder 36 preguntas cada vez más íntimas, de “¿Quieres ser famoso?” a “¿Cuándo fue la última vez que lloraste frente a otra persona?”

La segunda etapa del experimento involucró a los dos sujetos mirándose en silencio a los ojos durante cuatro minutos. Aron y su equipo compararon este grupo de tratamiento con un grupo de control en el que las parejas también se reunieron durante sesiones de 45 minutos, pero se les permitió interactuar libremente. Las parejas del grupo de tratamiento informaron sentimientos más fuertes de cercanía e intimidad; una pareja incluso se casó seis meses después del experimento.

¿Qué hizo que el procedimiento de Aron fuera tan eficaz para generar cercanía, intimidad y, finalmente, amor? Creo que el mecanismo que induce estos sentimientos se puede resumir en dos palabras: compromiso y autoestima. Cuando dos personas intercambian información íntima entre sí, suceden dos cosas:

En primer lugar, el transmisor de dicha información otorga al receptor un poder que potencialmente puede usarse en su contra, especialmente cuando el transmisor revela detalles que normalmente no se le dirían a un extraño.

Este poder en la mano del receptor incentiva al transmisor a trabajar más duro para ganarse la simpatía de su pareja. La apertura sirve como una garantía que el transmisor pone en la mano del receptor con la promesa de dar una mayor oportunidad a la relación, generando un mayor nivel de compromiso de ambas partes.

Este compromiso es esencial para el éxito de las relaciones tempranas. La mayoría de las citas no logran convertirse en una relación seria no por falta de compatibilidad, sino por falta de compromiso. Sin compromiso, incluso una pareja perfecta está condenada al fracaso. Los matrimonios concertados en los que las parejas se casan unos días después de verse por primera vez no son menos estables que los matrimonios por amor. Las parejas en tales matrimonios llegan a amarse después de casarse porque están comprometidas a buscar este amor.

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La otra fuerza que juega un papel en la inducción del amor en el experimento de Aron es la autoestima.

Una gran parte de enamorarse de alguien incluye enamorarse de nosotros mismos. Ser amado reforma nuestra autoestima y refuerza nuestra confianza en nuestras habilidades sociales, que son necesarias para mantener una relación romántica. La necesidad de reafirmarse constantemente en estas habilidades es evolutiva. Cuando “tenemos éxito” en una cita, nos sentimos empoderados; cuando fallamos, nos frustramos. Esto nos motiva a seguir trabajando en nuestras habilidades románticas, sin las cuales la reproducción se vuelve mucho menos probable, algo que a nuestros genes no les “gusta” en absoluto.

El intercambio de información íntima aumenta la autoestima del receptor. Si mi pareja está dispuesta a compartir conmigo algunos de sus secretos más íntimos, debo estar haciéndolo bien en la formación de relaciones. Este sentimiento de autoestima no solo nos hace sentir bien; también nos atrae hacia la persona que nos hace sentir así.

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De hecho, en el experimento de Aron, se instruyó a los sujetos para que revelaran información íntima sobre sí mismos. Por lo tanto, que lo hagan no debería afectar en nada a las habilidades del receptor. Sin embargo, como sucede con la mayoría de los experimentos de laboratorio, los participantes perciben la interacción en el laboratorio como auténtica y real, lo que les permite atribuirse el mérito de la apertura de su pareja.

En el experimento de Aron, ambos socios asumen ambos roles. Ambos son receptores y transmisores de información íntima. Por lo tanto, las dos fuerzas del compromiso y la autoestima operan sobre ambos, produciendo intimidad.

El experimento de Aron nos proporciona una información importante que tiene implicaciones que van mucho más allá de los confinamientos del laboratorio. Es una información valiosa para aquellos de nosotros que comenzamos una nueva relación o para aquellos de nosotros que hemos estado en una durante décadas. La apertura no siempre es fácil. Puede revelar debilidades y ponernos en una posición vulnerable, pero finalmente fortalece las relaciones. Hace que los socios se sientan mejor el uno con el otro, incluso cuando la información íntima fluye en una dirección, y ciertamente cuando fluye en ambas direcciones.

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Eyal Winter es profesor de economía Silverzweig en la Universidad Hebrea. Es ex director del Centro para el Estudio de la Racionalidad de la Universidad Hebrea.

Este artículo se publicó originalmente en Psychology Today. Reproducido con permiso del autor.